Barrio de la Asunción, Xochimilco.
12 PM
Afuera de la iglesia de la Asunción hay un pancrasio con unos luchadores mediocres haciendo lo suyo. El ring está rodeado por chavitos con los ojos desorbitados que no paran de gritar de la emoción. Los dueños de los puestos están felices mezclados entre los espectadores. Los chavos de la tienda de abarrotes cruzan el mostrador y se paran en la entrada para ver el chou.

Encuentro un lugar entre la señora de los tamales y el puesto de lencería, fajas de a 10 varos y ropa usada. Detrás de mí hay un grupo de 4 hombres de alrededor de 50 años formando un semicírculo. En medio de ellos, en el piso, una caguama indio con unos vasos de plástico volteados encima. Los dones tienen sus vasos llenos de chela. Los luchadores dan risa. En la segunda caída los luchadores se bajan del ring y empiezan a pelear entre la gente. Se agarran con unas sillas que encuentran por ahí. Uno de los luchadores cae encima de la lona llena de calzones. Se limpia el sudor con unos calzones tarzaneros de satín negro. Al caer tiró unos tubos de los que colgaban ropa usada. Al levantarse agarra uno de los tubos para golpear a su contrincante.
Señora de los tamales: ¡no te manches güei!
Señora del puesto de lencería cargando un bebé: ¡Pelea con las manos, no seas puto!
El luchador agarra a tubazos al contrincante que alcanza a soltar un gemido falso.
Señora del puesto de lencería cargando un bebé: ¡Así te voy a madrear yo al rato, cabrón!
El luchador que está siendo golpeado cae justo al lado de la caguama. Don ebrio se agacha tambaleándose, lo único que se queda quieto es el vaso de cerveza que parece sostener al hombre.
Don ebrio le dice al oído al luchador caído: ¿Ps qué tranza cmpadr?, shubnse al rin psss ¿qué pedo les pasa? ¡no shean culersss!
Aparecen otros luchadores del otro lado de la plaza, agarran al del piso sosteniéndole las piernas arriba. Se lo agarran a nalgadas con una silla.
Luchador de mata larga: ¡Así le pego a mi vieja chingao!
Los hombres gritan: ¡Ya no le pegues!
Mujeres: ¡Dale duro, cabrón, duro, duro, mátalo!
Don ebrio tambaleándose, con una mano sostiene la chela y abre el otro brazo como político dando discurso: ¡Qué bonita familia tengo, me cae de madre!
El mejor final:



