7.12.2008

¡Qué lindo es Xochipueblo!

Sábado 12 de julio, 2008.
Barrio de la Asunción, Xochimilco.

12 PM

Afuera de la iglesia de la Asunción hay un pancrasio con unos luchadores mediocres haciendo lo suyo. El ring está rodeado por chavitos con los ojos desorbitados que no paran de gritar de la emoción. Los dueños de los puestos están felices mezclados entre los espectadores. Los chavos de la tienda de abarrotes cruzan el mostrador y se paran en la entrada para ver el chou.


Encuentro un lugar entre la señora de los tamales y el puesto de lencería, fajas de a 10 varos y ropa usada. Detrás de mí hay un grupo de 4 hombres de alrededor de 50 años formando un semicírculo. En medio de ellos, en el piso, una caguama indio con unos vasos de plástico volteados encima. Los dones tienen sus vasos llenos de chela. Los luchadores dan risa. En la segunda caída los luchadores se bajan del ring y empiezan a pelear entre la gente. Se agarran con unas sillas que encuentran por ahí. Uno de los luchadores cae encima de la lona llena de calzones. Se limpia el sudor con unos calzones tarzaneros de satín negro. Al caer tiró unos tubos de los que colgaban ropa usada. Al levantarse agarra uno de los tubos para golpear a su contrincante.

Señora de los tamales: ¡no te manches güei!

Señora del puesto de lencería cargando un bebé: ¡Pelea con las manos, no seas puto!


El luchador agarra a tubazos al contrincante que alcanza a soltar un gemido falso.


Señora del puesto de lencería cargando un bebé: ¡Así te voy a madrear yo al rato, cabrón!


El luchador que está siendo golpeado cae justo al lado de la caguama. Don ebrio se agacha tambaleándose, lo único que se queda quieto es el vaso de cerveza que parece sostener al hombre.


Don ebrio le dice al oído al luchador caído: ¿Ps qué tranza cmpadr?, shubnse al rin psss ¿qué pedo les pasa? ¡no shean culersss!


Aparecen otros luchadores del otro lado de la plaza,
agarran al del piso sosteniéndole las piernas arriba. Se lo agarran a nalgadas con una silla.

Luchador de mata larga: ¡Así le pego a mi vieja chingao!

Los hombres gritan: ¡Ya no le pegues!

Mujeres: ¡Dale duro, cabrón, duro, duro, mátalo!

Don ebrio tambaleándose, con una mano sostiene la chela y abre el otro brazo como político dando discurso: ¡Qué bonita familia tengo, me cae de madre!

El mejor final:

¡Lorudo lorudo lorudooooooooos!

7.10.2008

Confieso que he chateado

Continuando el reencuentro con mi lado oscurso, la pubertad cargada de pasión desenfrenada y una cantidad enorme de estupideces que hice, contaré esta historia inspirada en el relato de plaqueta (soy fans) de su primer galán.

En tiempos muy lejanos y remotos, mi vida social se limitaba al chat de radioactivo. No es que no me gustara salir, sino que no me dejaban, no podía salir ni a la esquina sola, así que mi fácil solución fue sustituir todas las típicas actividades de una adolescente ociosa con el chat. Mi nick era Shirley Manson, porque esa chava me parecía rara, pero sexosa, con personalidad y con una voz increíble, así que decidí usar ese seudónimo en mi vida chatera.

Evidentemente la población del chat era casi -y me incluyo en las excepciones- puro geek. En esa época, había pocos chateros en México, y casi todos los del chat de radioactivo eran del poli o del tec. Se leían las típicas conversaciones de chat: de dónde eres, cuántos años tienes, dónde estudias, mándame tu foto, bla bla bla. Era muy común que los chateros se dieran cuenta de que estudiaban en la misma escuela, incluso que estaban en el mismo salón usando internet. Si la conversación había superado la etapa de “mándame tu foto”, se preguntaban, ¿dónde estás?, cuando se daban cuenta de que estaban encerrados en las mismas paredes, se pedían mutuamente que se pusieran de pie, para distinguirse. Así iniciaron muchas amistades, romances, infidelidades y enemistades.

Moría por abandonar mi secundaria-casi-cárcel para irme a una prepa de puertas abiertas, salirme a donde se me hincharan las tetorras y conocer a mucha gente. En la etapa de Shirley Manson conocí a un individuo que me parecía el menos raro. Casi no se conectaba al chat porque él sí tenía vida y sí le daban permiso de salir. Estudiaba la prepa y para mi era bien grande (tenía como 18 jajaja), era muy buen pedo, platicábamos chido, nos gustaba más o menos la misma música, él iba al Bull (era mi máxima fantasía, más que un sueño húmedo, irme a agarrar una peda al Bull pero obviamente no me dejaban) y era sobrino de un muy buen publicista, hoy afamado director de cine. Me invitó a que nos viéramos en persona, cosa que para mí era imposible. Seguimos chateando y yo planeaba el momento de escaparme y poderlo ver, inventar que iba a casa de una amiga, algo tenía que hacer para poder ver a este individuo que parecía normal. Me mandó su foto escaneada (eso quería decir que en su hogar se manejaba la tecnología de punta, casi nadie tenía scaner) y no tenía mal ver, aunque no podía apreciarse mucho en su foto tamaño infantil de credencial de prepa.

Un día le hablé por teléfono. Interrumpí su sesión de nintendo o no sé qué consola se jugaba en esa época. Me contestó y el sueño húmedo del Bull se desvaneció y fue rápidamente sustituido por su voz… ¡que voz!… una voz ronca y de hombre como yo no escuchaba muy a menudo en mi pinche secundaria. Guauuuu tenía el chon empapado y de yoyo interminable nomás de escucharlo hablar. Platicamos un rato, chateamos algunas veces más y ya. No sé que fue lo que pasó que perdimos el contacto y nunca más volvimos a chatear o hablar. Pero su voz seguía presente en mi memoria.

Pasaron muuuuuchos años, desapareció el chat de radioactivo, crecí, me puse chingo mil pedas monumentales en el Bull hasta perderle el gusto y nunca más tuve noticias de mi hombre con voz de hombre.

Un día, estaba con mi hermana viendo las Gilmore Girls -porque mi hermana es fan y no se pierde ni los anuncios- y era un capítulo en el que Rory le confiesa a su novio que guguleó a otro chico por el que se sentía atraída. Nunca se me había ocurrido gugulear a alguien conocido y en ese momento no pude pensar en nadie. Tiempo después leí una de las múltiples entrevistas que le hicieron al hoy famosísimo director de cine mexicano y recordé mi ciber encuentro fantasioso con su sobrino. No me pude resistir y fui rápidamente a gugulearlo. Recordar su nombre vasco no fue tan difícil, porque cuando lo llamé por teléfono le pedí (so pretexto para escuchar más tiempo su voz) que me indicara cómo se pronunciaba su nombre. El segundo apellido no era nada difícil de recordar, así que lo busqué. Resultó ser un médico cirujano con intereses en urología y partícipe en un blog (en inglés) de medicina en el que exponen algunos casos con fotos poco atractivas para el público en general. Así es, mi hombre con voz de hombre se convirtió en un médico cirujano, y en su flickr aparece como pelis favoritas: nombre-de-famoso-director-de-cine-mexicano, who else?

También dice que anda soltero… muy sabio el hombre supo alejarse de mocosas precoces sin libertad pubertina y guguleadoras de gente del pasado, espero que llegue una buena mujer a su vida, una a la que sí la dejen ir al Bull.

Recuerdos de pubertad

Entre el viaje al pasado que consigue uno en feisbuc, y algunos posts secundariosos que leí, me acordé de una conversación que tuve alrededor de los 13 con mi BFF, VM, NCH (que en jerga puberta significa best friend forever, vales mil, never change): la kk.

Había un tipo de sexto de prepa (nosotras íbamos en primero de secu) que nos hacía el chon de yoyo. “Es que está guapísimo no mames”. Nomás de acordarme del personaje me da vergüenza; era un tipo alto, delgado pero levemente mamado y nalgón, güerote desabrido, de pelo largo (hasta la quijada) y usaba una pulsera negra de piel que me prendía muchísimo. Desde chiquita he tenido esa desviación, me encantan las muñecas de los hombres con chingo mil pulseritas, eso sí, jamás de oro, plata, alpaca, ni metal alguno, siempre tienen que ser de materiales órganicos, si no pierden su sepsosidad. El caso es que el tal fulano, que era como Brad Pitt versión Hecho en China, ni siquiera sabía que existíamos, por supuesto, pero nosotras hablábamos de él y fantaseábamos con su presencia y el momento en que tal personaje irrumpiera en nuestras vidas y formara parte de nuestra cotidianidad. Eso de ¿cómo le hacemos para que nos hable? era tema recurrente. Qué vergüenza, mi pubertad si fue re intensa y nomás de acordarme que yo hice eso, me pongo roja, pero continuaré con el post para superarlo.

Un día, de esos en que sales de vacaciones o es día del amor y la amistatt o de jalogüin, o algo similar que rompe la rutina, se me ocurrió llevar mi cámara a la escuela para guardar mis recuerdos pa la posteridad. Tons nos tomamos hartas fotos entre la gente del salón y de otros salones (uuyyy que nervio subir a 1º B que no te cache la mayestra que no estás en tu salón). Y de pronto alguien me dijo que no se quién conocía a no sé cuantos que se iba a tomar una foto con Brad Pitt Hecho en China y otro individuo. Le dí mi cámara (una Kodak negra, de esas que le tenías que correr el rollo manualmente) a la chamaca esa pa que también le tomaran una foto con mi cámara. Yo me derretía por adentro y no podía esperar el momento de revelar mi rollo para ver la foto.

Una vez reveladas e impresas las fotos, se las lleve a mi querida kk. A pesar de ser unas pubertas con la hormona alocadísima, teníamos principios morales y no nos íbamos a acostar con cualquiera, no éramos unas zorras como la compañerita esa a la que se rumoraba habían cachado haciéndole una felación a su novio de 3o. No, nosotras no éramos “de esas” y mucho menos éramos unas puercotas. En el remoto caso de iniciarnos sexualmente, sería “con alguien muy especial”, que “significara mucho para nosotras” y todas esas mamadas que te dice tú mamá pa que no te acuestes a los 13 con el primer pendejo que estrenó pelos en los huevos. Comentando la foto del individuo en el recreo, tuvimos la suerte de que él mismo en persona pasara por ahí. Entonces la kk dijo algo que me transformó para siempre y que jamás jamás voy a olvidar: “A este cabrón sí se la mamaba.” La kk develó que estaría dispuesta a ser lo que para esas edades e inexperiencias parecía ser una sucia en la cama. Yo estaba muy conmocionada, la única imagen que mi cerebro guardaba de una mamada, era una foto que ví en la revista Hustler del papá de mi vecina. Era un cabrón con cara de ex convicto escapado, vestido de soldado, con los pantalones en el tobillo, y una vieja buenísima con un mini vestido verde militar mamándosela. Mi querida kk estaba dispuesta a rebajarse así, con tal de satisfacer al fulano.

Afortunadamente el tipo jamás supo que existíamos y nos ahorró una decepción más en nuestra vida amorosa. Después me dí cuenta de que carecía de habilidades mentales y que no estaba tan guapo como mis hormonas mentían. Busqué la foto esa y aunque están todas las de ese día, Brad Pitt Hecho en China no apareció. Sin embargo al escarbar en la caja de los recuerdos, me encontré esta otra foto que seguramente llegó a mis manos de una forma muy parecida, pero mi mente lo bloqueó y no recuerdo nada. Me siento como Amelie.


Por supuesto todos nuestros parámetros de moral sexual cambiaron a la primer dedeada ;)

2.29.2008

Volver a un sueño

Quiero regresar a un sueño. Una casa enorme vacía, casi en ruinas que tiene por techo un domo gigante. En la planta baja, lo único que hay es una escalera muy ancha con un barandal de metal verde, que rodea la casa para llegar al piso de arriba, eso creo, porque nunca subí. Una casa como la de Great Expectations que deja crecer hiedras por las paredes internas, que deja entrar la luz de la luna en una noche color plata. Y ahí estaba yo, con no sé quien más después de una fiesta. Un chico que ahora en la conciencia ha perdido el rostro, pone algo de música y se pasea por toda la casa con un candelabro y unas velas viejas que escurren más cera de lo normal invitándonos a bailar.

Una mujer de pelo quebrado, largo y revuelto, encuentra una maleta vieja de piel. Su interior está cubierto por una tela negra que guarda unas jeringas de vidrio con agujas intercambiables. Me ponen una liga en el brazo, veo mi vena hincharse enseguida, deseosa y sedienta. Alguien introduce una jeringa en mi vena, yo no estoy tranquila porque todavía no sé que es un sueño. Nunca supe, ni me dijeron, qué tenía esa jeringa, pero lo supongo. Mi cuerpo se relaja, me acuesto en uno de los rincones de concreto verde de la casa. Mi cabeza insiste en tocar el suelo, pero no la dejo porque todavía no sé que es un sueño. La gravedad se siente más poderosa que de costumbre. Alguien toca música que me arruya. Cierro los ojos e intento imaginarme el lugar donde estoy y todo aquello que lo rodea. Sé que estoy en una casa abandonada en un bosque verde con neblina. Mi celular no tiene señal. Por fin dejo caer mi cabeza al suelo, mi cuerpo se expande y ocupa toda la habitación. Mi mente queda, por primera vez, en blanco. Quiero regresar a ese sueño sabiendo que lo era.

2.28.2008

Soy Totalmente Nylon

Entre toda la mierda hecha en China, encontré un local de lencería atendido por un chavillo de unos 15 años y pelos estrenados apenas dos primaveras atrás. ¿Qué cosa más perversa que un chavito en plena hormona vendiendo ropa íntima para mujer? Entré a echar un ojo a la ropa, pero más pensando en montar mi humanidad de 26 en sus tiernitas caderas de 15. Pregunté por algunos modelos y tallas. El chamaco sabía lo que hacía. Por unos ojos almendrados se asomaba una mirada inocente, pero cachondona que yo traduje en una súplica de placer con ritmo y sin condiciones… Sintiéndome Silvina Bosco en El Abrazo Partido, le pregunté si podía probarme los conjuntitos. El local se limitaba a 3 paredes, una puerta y una mesa donde estaban acomodadas las lencerías, así que la respuesta fue obvia. Me sentí una ñora zorreando, pero solo por orgullo decidí llevar hasta el final mi vergüenza con la vaga esperanza de conseguir algo con el almendrado. Tener una voyager con una estampa de una familia feliz y adaptada, lentes oscuros arriba del copete recién sopleteado con secadora, uñas de gel y tacones de apenas-puedo-caminar, parecía mucho más digno que lo que hice:
- ¿Crees que se me vean bien estos?
Creo que el chamaco supo a lo que se enfrentaba. Hay momentos en la vida de un puberto en que toma las decisiones correctas para hacerse un hombre experimentado y el Almendrado supo que éste era uno. Con una seguridad que me humedeció, pero también me destanteó, contestó:
- Con tu cuerpo cualquiera se vería bien.
Por lo menos me habló de tú. Ya puestas las nalgas, tetas, clítoris y fantasías en charola de plata, le dije que me llevaría los que él escogiera para mí y por supuesto toda mi vergüenza desapareció. Escogió algunos conjuntillos, de lo mejorcito que se podía escoger de la mercancía soy totalmente nylon. Confieso, que con toda la putería que mi culo puede evidenciar, no supe qué hacer después. El Almendrado se acercó a la entrada y estiró sus brazos para alcanzar la cortina que cierra el local. La playera se le levantó y pude ver su hueso de la cadera perfectamente marcado, igualito que Axl Rose en sus bikers blancos, nomás que con una piel exquisitamente tiernita. Cerró las cortinas del local y ahí estaba yo, parada con mi bolsa de plástico con no sé cuantos conjuntos de lencería barata sin ganas de irme. El Almendrado me sonrió y se acercó lentamente a mí sin saber cómo iniciar aquello. Decidí tomarlo con calma, sobre todo porque tenía la seguridad de que mi quinceañero se vendría en chinga. Empecé a recorrer su hueso de la cadera con las yemas de los dedos, apenas tocándolo. Él solamente sonreía, y cuando me acercaba a sus ingles cerraba los ojos despacito. Le desabroché el pantalón. Él me tomaba de la cintura sin atreverse a tocarme. Me fui quitando la ropa, él intentaba ayudarme, pero su cerebro estaba más ocupado viéndome. Desnuda me hinqué y le empecé a bajar los pantalones con una mano, con la otra rocé mis pezones hasta tenerlos bien erectos. Traía unos boxers rojos que ya tenían una mancha en la cúspide de su erección. El Almendrado respiraba más agitado. Lamí la base de su pene estirando mis labios para abarcar más, él rozaba mi espalda con sus dedos. Le dí unos lenguetazos a su glande que me recibía húmedo, casi sin olor y con un sabor dulce. Toqué su pene con la punta de mis dedos, hasta que estaban bien húmedos y empecé a rozar mi clítoris. El almendrado gemía con los ojos a medio cerrar y casi en blanco. Entonces dejé de tocarme, lo agarré de las nalgas y lo acerqué bruscamente a mi cara. Quería comerme su verga. Sentía su glande tocar algunos rincones de mi garganta, tons me agaché más para lograr una curva pronunciada en mi cuello y hacerle espacio a su pene. Con mis manos en sus nalgas lo atraía y alejaba de mí logrando una mamada y chaqueta que me hizo darle varios tragos a su jugo. En pocas jaladas se vino en mi boca con unos gemidos guturales que me humedecieron escurriéndome hasta medio muslo.

Me levanté para encontrarme con su torso recuperándose de los últimos espasmos, unos labios inflamados y una erección inquebrantable. Me acerqué a la mesa de lencería, me agaché y el almendrado ya estaba atrás de mí agarrándome las tetas y untándome su verga. Abrió mis nalgas y con sus manos temblorosas tanteó mi pucha hasta encontrar el rincón más húmedo. Me penetró sin ritmo, pero con los mismos jadeos profundos de antes. Cerré un poco las piernas y toqué mi clítoris apenas rozándolo en círculos rápidos. El Almendrado empezó a darle algo de ritmo, y mi vagina estaba ya contrayente. Apliqué un poco más de presión en mi mano para poder venirme como fuente. Él seguía gimiendo y sacudiéndose. Yo solamente sentía sus pelos húmedos de mí y mi vagina que no paraba de contraerse hasta que el Almendrado apretó mis nalgas en un último impulso, se quedó quieto dentro de mí y ya solamente sentí calientito. Después de unos espasmos, sus manos seguían prendidas de mis nalgas y su respiración luchaba por recuperarse.

Sus ojos estaban más brillantes y su piel ahora sudaba. Nos sonreimos, me vestí más con la mirada de él que con mis trapos. Quise salir rápido del local, pero cuando estaba con un pie fuera me detuvo.
- ¿Cómo te llamas?
Dudé por un momento, para después inventarme mi seudónimo pederasta.
- Martha.

2.20.2008

en tiempos de guerra...

2.14.2008

joya urbana


2.13.2008

el lado oscuro del perifas

Hoy, una de esas féminas que atentan contra la integridad de sus ojos maquillándose en el coche, golpeó a Catarino (mi nave espacial) con su pinche coche jodido. Me encabroné mucho, debo confesar, me bajé del coche con cara de gorila a ver que nada hubiera pasado. Cuando le ví la cara a la fulana esa, sentí una lástima impresionante por dos razones: la primera es que no podía ocultar su bajo coeficiente intelectual; la segunda es que por más que se pintara o incluso se hiciera las mejores cirugías, seguiría siendo igual o más fea. En conclusión, era una Elba Esther Gordillo en potencia. Después vino el emputamiendo que rápidamente se vió opacado por la iluminación: ahora entiendo cómo es posible que sucedan accidentes en periférico a una velocidad inferior a 10 km/hr. La pendejez, la fealdad y la vanidad son una pésima combinación… y la huevonería, ¿por qué no decirlo? Si se hubiera levantado más temprano para pintarse en su casa, nada de esto hubiera pasado.